Anatomía del problema

Un problema puede ser abordado de tres formas. La primera -y la más frecuente- consiste en huir. Sales disparado, te alejas, disocias, ignoras. Escapas del problema evadiéndolo, como los niños que cierran los ojos cuando les pasa algo malo. Sin embargo, ninguna huida es sostenible a largo plazo: el problema regresa a ti, recargado y dispuesto a acabar con tus energías. No es una solución efectiva.

Lo segundo que puedes hacer ante un problema es enfrentarlo, ponerle el pecho, cogerlo por los cachos, luchar. Ahora bien, la confrontación no garantiza que te lleves la victoria. Es más, enfrentarlo es doloroso. La gente prefiere evitar el problema para no tener que aceptar por añadidura un dolor que no desea. Esta opción tampoco soluciona nada, simplemente te permite absorber el problema hasta convertirlo en una herida amorfa que se disipa con el tiempo. Cambias el problema por el dolor, lo cual es estúpido y poco adaptativo.

Hay una tercera vía para abordar un problema. Un procedimiento total, la técnica que usan aquellos que se ufanan de ser inteligentes: repensar. Moldear el problema, descentrarlo, darle otra perspectiva. Tal mecanismo lo desfigura hasta hacerlo diferente, ajeno a lo que era en inicio y, por tanto, despojado de su aura de dificultad. El problema es convertido en una situación cualquiera, positiva inclusive, con tal de ser resuelto. Esta última opción es la más ardua e inútil de las tres, ya que implica la anulación del problema original. Un problema que no es un problema, una huida innecesaria, un enfrentamiento ajeno.

Es imposible solucionar un problema. Cualquier intento al respecto constituye una forma de evitación, postergación o negación. El origen de nuestro malestar hacia los problemas estriba en que asumimos que deben ser resueltos, lo cual es falso. Los problemas existen para convivir con ellos, para que te angustien, te sobrepasen, para que el conflicto prolongue tu vida, para que respires aliviado cuando creas -en tu inmensa ingenuidad- que los has solucionado. Lo cierto es que jamás podrás eliminarlos y está bien, porque no son parásitos que acaban contigo. La simbiosis que existe entre tú y ellos hace que sobrevivas a este mundo sin hacerte tantas preguntas. Porque las preguntas -esas sí- son el único y verdadero problema que tendrás en tu vida. Todos los demás serán siempre secundarios.

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Un comentario en “Anatomía del problema

  1. Existe una manera científica de solucionar problemas, utilizando métodos de investigación. Bueno desde mi punto de vista como ingeniero y periodista en donde la investigación difiere del recurso emotivo muy resaltado en sus textos.
    Ya he leído algunos de “anatomía” y genera sentimiento. Excelente, seguiré pendiente de mas publicaciones.

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