El elefante que detuvo una guerra

El futbolista, que minutos antes celebraba la consecución de lo impensable, toma un micrófono y mira a la cámara. De inmediato se forma un breve silencio, de esos que preceden a la emergencia de la historia. El futbolista se arrodilla y los demás le siguen, como si con ese gesto le otorgaran la dignidad necesaria para hablar por todos.

“Ciudadanos del norte, del sur, del este y el oeste: pedimos de rodillas que se perdonen los unos a los otros. Un gran país como el nuestro no puede rendirse al caos. Abandonen las armas y organicen unas elecciones libres”.

Didier Drogba
Mientras Costa de Marfil celebraba su clasificación al Mundial, los jugadores, encabezados por Drogba, mandaron un mensaje a su país.

El hombre que encabeza el grupo de genuflexos es Didier Drogba, capitán de la selección de fútbol de Costa de Marfil, que acaba de clasificarse por primera vez a una Copa Mundial de Fútbol. Lejos de su país, en Sudán, derrotaron 1-3 a la selección local y consiguieron la hazaña. En medio del festejo que desborda a su nación, Drogba toma unos minutos para hacerles una petición urgente.

Costa de Marfil es el quincuagésimo segundo país más poblado del mundo, con veinte millones de personas. Está en África Occidental y durante siglos vivió de arrancarle los colmillos a los elefantes, de los que quedan apenas algunos centenares. Desde su independencia de Francia, en 1960, se ha debatido entre la paz y la muerte. En octubre de 2005, cuando Drogba y sus compañeros se arrodillaron ante todos, el país llevaba tres años en guerra civil.

A la selección de fútbol de Costa de Marfil le apodan Los Elefantes. De hecho, el escudo de su camiseta tiene a uno de estos animales sosteniendo un balón con su trompa mientras barrita. El emblema heráldico del país también es un elefante, de perfil, más reposado y sereno. El elefante simboliza la potencia y la fuerza física y espiritual; son pacientes, memoriosos y sostienen al mundo sobre su lomo. En estado salvaje son pacíficos, por eso fueron tan fáciles de exterminar por los marfileños que comerciaban sus colmillos. Un elefante no sirve para la guerra.

Escudo de la selección.
Escudo de la selección.

A Drogba, a él solo, también le dicen El Elefante. Tiene 27 años, mide un metro con ochenta y nueve centímetros y nació en Abiyán, la principal ciudad de su país. Desde 2004 es delantero del Chelsea de Londres, equipo que pagó 24 millones de libras esterlinas (más de 36 millones de dólares, o casi 66 mil millones de pesos colombianos) por su pase. El Elefante debutó con Los Elefantes el 9 de septiembre de 2002, y poco a poco, con paciencia y potencia, se convirtió en el principal referente del equipo.

Quizá Drogba estaba pensando en elefantes mientras se arrodillaba ante su país. O tal vez solo creyó que era necesario, por instinto, como él mismo diría después.

El ruego de la selección de fútbol de Costa de Marfil fue atendido por los habitantes del norte y del sur. Dos de ellos, los presidentes de ambas latitudes, lo vieron como una oportunidad para acabar el conflicto que los partía por la mitad. Habría, sin embargo, que esperar más de un año para su materialización.

Drogba, entrenando en Bouaké.
Drogba, entrenando en Bouaké.

Costa de Marfil participó en la Copa Mundial de Fútbol de 2006 y fue eliminada en primera ronda, lo que no fue impedimento para que a Drogba le otorgaran el reconocimiento al Futbolista Africano del Año. Lo primero que se le ocurrió a El Elefante fue viajar a Bouaké, la ciudad más grande de Costa de Marfil, a dedicarles su premio y pedir el fin de la guerra. No iba solo: llevaba consigo una propuesta para unir a su pueblo: la realización en esa ciudad de un partido de clasificación para la próxima Copa Africana de Naciones.

El 3 de junio de 2007, Costa de Marfil y Madagascar disputaron un partido en Bouaké. Allí Los Elefantes ganaron 5 goles por 0 y Drogba anotó el último gol del encuentro. Treinta y cinco mil personas, que no presenciaban un partido de su selección desde 2002, vieron también juntos, por primera vez, al presidente del norte y al presidente del sur. Los asistentes agradecieron con aplausos el gesto de unión de su equipo, el último símbolo en pie de un país que un día fue uno solo.

Didier Drogba, el capitán elefante.
Didier Drogba, el capitán elefante.

Drogba, que tiene la paciencia de los elefantes, logró sentar en un mismo sitio a los responsables de la guerra. Ambos comprendieron durante ese partido la necesidad de una reconciliación y 58 días después, el 31 de julio, se reencontraron en ese mismo lugar para celebrar la Llama de la Paz, una reunión que acordaba el fin del conflicto, la entrega de las armas y la celebración de elecciones libres. El estadio de Bouaké pasó a llamarse Estadio de la Paz y ese día fue declarado para siempre como festivo en el país. Costa de Marfil dio fin a su guerra y volvió a ser una.

Hoy Didier Drogba tiene 35 años y juega en el Galatasaray turco. En 2009 ganó por segunda vez el reconocimiento al Futbolista Africano del Año y en 2012 la Liga de Campeones de la UEFA. Aunque le quedan pocos años como futbolista activo sigue siendo el capitán de su selección, que también logró clasificarse a la Copa Mundial de Fútbol de 2010. Luego de finalizada la guerra mandó construir en Abiyán un hospital que atiende a 200 pacientes y también sirve como orfanato. Después de la guerra, sentí que Costa de Marfil volvió a nacer, dijo en una ocasión.

El 25 de febrero de 2011 estalló de nuevo la guerra civil en Costa de Marfil. El candidato que perdió las elecciones, quien contaba con el apoyo del Ejército, decidió no reconocer los comicios y el país se dividió de nuevo. Los marfileños, que empiezan a tener la misma memoria de los elefantes, acabaron el conflicto en dos meses con la captura del candidato derrotado. Tal vez también, al igual que aquellos animales, la gente de Costa de Marfil ha comenzado a detestar la guerra.

Sin embargo, la violencia aún no ha cesado.

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3 comentarios en “El elefante que detuvo una guerra

  1. Excelente que el futbol sirva para lograr la PAZ tan necesaria en tantos lugares del Mundo. Admirable la obra de Didier Drogba, ojalá otros deportistas destacados tuvieran las agallas y el coraje de Didier

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