Suposiciones y certezas de Stefan Kuntz

Supongamos que Stefan Kuntz no está anclado a una silla de ruedas. Supongamos que no hubo accidente y Kuntz está de pie, enorme como un árbol, el pelo de oro y los ojos celestes. Supongamos también que a su lado está Emma, pelirroja de rizos difíciles, nariz pecosa y lengua de fuego. La intensidad de Emma es tanta que a su lado Kuntz se ve pequeño y deslucido, su cuerpo es consumido lentamente por la llama que es Emma. El apolíneo Kuntz padece con la presencia de esa mujer.

Lo cierto es que Stefan Kuntz está anclado sin remedio a una silla de ruedas. Su cuerpo se ha contraído, está viejo, ahora su pelo es de plata y tiene los ojos cerrados. Hubo, como dije, un accidente. Pero esta vez Iris está a su lado, vestida toda de blanco, ojos negros y vivaces que a Kuntz, que ya no ve pero intuye mejor que antes, le recuerdan a los suyos. Kuntz tampoco puede escucharla, solo siente cuando Iris le cubre las piernas con una manta y lo saca a pasear por el jardín.

Durante esos paseos, Kuntz intenta esbozar una sonrisa para Iris. Nada pasa. A veces Kuntz babea. Iris lo limpia con un pañuelo.

Supongamos (una última suposición, si me permiten) que Kuntz recuerda a Emma. Su cuerpo rememora el fuego de antaño y los restos de su espíritu empiezan a hacerse humo. En ese momento la diligente Iris se percata de la calentura de Kuntz, le quita la manta y frota sus piernas con una toalla húmeda.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s