Los Solitarios

Cuando estaba en la universidad tenía mucho tiempo libre. Vi tanto cine y leí tantos libros como jamás lo he vuelto a hacer y aún lamento no haber tenido ningún orden para hacerlo. Había un cineclub al que íbamos los mismos cinco o siete individuos, nos sentábamos en aquella salita de una manera tan dispersa que era evidente que nunca nos toparíamos fuera de ahí.

Ambas cosas las hacía solo. Con los libros es tan entendible como necesario, pero el cine puede ser un plan de amigos que, no obstante, me reservaba para mí. “Que solo estoy y es natural”, dice Charles Aznavour. Y lo digo yo, porque la soledad que tanto aprecio y ese cantante armenio que tanto escucho siempre tienen las respuestas.

En una ocasión pasaron una película checa en el cineclub. No recuerdo bien de qué trataba, pero había mucha gente joven, un tipo que se la pasaba fumando marihuana y un locutor de radio. La banda sonora era principalmente una mezcla de rock local y música tecno, salvo en una escena en la que sonaba una balada, o eso creía.

Digo creía porque hace más de diez años que vi esa película (fue en 2004, me parece). Ya casi no recuerdo la universidad, ni los libros que leí o las películas que vi. Tengo imágenes sueltas de amigos que se fueron, pantallas a color o en blanco y negro y algunas páginas subrayadas de libros que no eran míos. Lo único que permaneció vivo fue la balada desconocida de aquella película checa. Era un tormento recordar la música porque no daba con ella, por más que la rastreara en YouTube, de manera que solo la había escuchado esa vez. Además, la película es tan rara que no lograba conseguirla por internet. Con el tiempo, e involuntariamente, asocié la canción desconocida a mi probada melancolía, de suerte que aparecía en mi cabeza muy seguido.

Insisto, era una puta tortura.

El año pasado, mientras tenía la cabeza dando vueltas alrededor de algún recuerdo viejo, me enteré que mi amiga Natalia Jaimes andaba en Estados Unidos. Aproveché la casualidad y le pedí que me consiguiera la película. Natalia, que tiene la eficiencia y la generosidad de los santos, no tardó en comprarla por Amazon. Pero como ella vive en Valledupar y yo en Barranquilla, vernos es complicado. La película seguía lejos y mandarla por correo nos parece poco elegante.

Hoy, por manos de su hermana Alejandra, Natalia me hizo llegar la película, la vi por la noche y resultó ser más buena de lo que recordaba. Es la historia de un grupo de amigos que no hallan un lugar en el mundo, que repiten los errores de sus padres, que son incapaces de percatarse de sus propias miserias o que no miden las consecuencias de sus actos.

Y sí, ahí estaba la canción que busqué en vano por tanto tiempo. Aparece en una escena en la que un tipo, que es psicópata, se unta de barro para parecer un mendigo ante los ojos de su víctima.

La película se llama Samotáři (Los Solitarios). La canción no era ninguna balada tradicional de República Checa, sino Les comédiens, de Charles Aznavour.

Lo dicho: las respuestas estuvieron siempre ahí.

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