La muerte de papá

Cuento publicado en El Malpensante, edición 144

A casa llegó una carta que informaba de la muerte de papá.

– No se trata de él-, respondió mamá apenas le conté.

Era una carta fechada dos días antes, proveniente de Medicina Legal, que explicaba el hallazgo y posterior identificación de alguien con el mismo nombre de papá, fallecido el 11 de febrero de 1955 en Bogotá. Su cadáver, que nunca había sido reclamado, terminó sepultado como N.N. Hasta hacía poco, gracias a nuevas técnicas forenses, habían logrado saber quién era, y ahora lo sacaban del olvido y contactaban a los familiares que aún vivían. Seguir leyendo “La muerte de papá”

Barranquilla 2132

Barranquilla 2132

El futuro será siempre inquietante. René Rebetez afirma que vivimos en un mundo cambiante, tan poco medieval y estático, cuyo tiempo psicológico parece deshilvanarse a la velocidad de la luz y que se escurre como agua en nuestras manos. Hemos desarrollado poderosos sistemas de comunicación y aislamiento, tarjetas de pago que simulan dinero que jamás vemos, deseos incontrolables por satisfacer necesidades superfluas y una mística hacia los designios de la economía. Somos una sociedad que funciona en términos de ciencia ficción, y como tal nos hacemos preguntas futuristas que respondemos de múltiples maneras.

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Durante la primera mitad del siglo XX era común en el Caribe colombiano la literatura de ciencia ficción. Hace poco, en 2011, la editorial Laguna Libros rescató tres novelas sobre este género, las cuales vienen a ser el punto de partida de esta vieja y olvidada tradición literaria. Una de ellas es Barranquilla 2132. Seguir leyendo “Barranquilla 2132”

La personalidad como obra

La obra de Andrés Caicedo Estela (Cali, 1951-1977) se ha convertido uno de los referentes literarios de los escritores jóvenes de Colombia. Admirado por crear un estilo ajeno a la influencia del realismo mágico, criticado por lo que sus detractores consideran como una escritura como sobrevalorada e incompleta, Caicedo supo hacer de su obra una alegoría de sí mismo.

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El trabajo literario de Caicedo está ligado a su vertiginosa personalidad. Su narrativa, considerada antiadulta, es la expresión de un hombre que acabó con su vida a los veinticinco años para no ser indigno de ella. Caicedo aborda algunos de los problemas fundamentales de todo adolescente: la ciudad y sus espacios, la música, la muerte o el cine; configura un universo que, alrededor de su ciudad natal, Cali, permite comprender el discurso juvenil que se manifiesta a través de sus personajes.

Andrés Caicedo

La forma en la que Caicedo enfrenta estos temas es, a tono con la definición de Raymond Chandler, canibalística. Sus cuentos y novelas se entretejen y se nutren unos a otros, formando un corpus literario que moviliza un discurso que se repite bajo diversos matices. ¡Que viva la música!, novela de 1977, funciona como aglutinador de los gustos musicales de los jóvenes de Cali: Eric Clapton, Rolling Stones, Héctor Lavoe, Richie Ray & Bobby Cruz, artistas que configuran el mundo musical de la época, al tiempo que operan como catalizadores de las frustraciones, amores y deseos de los jóvenes de la ciudad. En sus cuentos El Atravesado y Calibanismo (ambos de 1971) narra las situaciones a las que se enfrentan a diario pandilleros y prostitutas; usando la primera persona como recurso literario, Caicedo obtiene relatos creíbles a partir de la exposición de temas subterráneos que son fácilmente reconocibles por el público.

Hay, en efecto, un interés del público y la crítica hacia la obra de Caicedo a través del lente que fue su vida. La diferenciación entre el escritor y lo escrito es difusa y, además, siempre han resultado llamativos los escritores suicidas. No es, como indica Pilar Quintana, que Andrés Caicedo es grande porque se mató, pero lo cierto es que la difusión desmesurada de su obra (se han publicado sus cuentos, novelas, cartas, críticas de cine, obras de teatro, sus facturas de la clínica donde lo desintoxicaron, apuntes sobre lo que leía y hasta álbumes de fotos familiares) ha girado muchas veces en torno a su vida privada y los desequilibrios emocionales que constantemente le afectaban.

Esta misma difusión es la que ha transformado a Caicedo en un héroe juvenil, una estrella de rock, el prototipo del incomprendido. El culto a su persona opaca muchas veces su literatura. Si tenemos en cuenta todo el material personal que dejó junto a sus trabajos literarios, es probable que al mismo Caicedo no le molestase tal cosa.